jueves

Madrid









Madrid. En ti crecí, crezco y creceré. Villa maldita de noches oscuras y días luminosos. Aquí me despido de ti y de tus extrañas sensaciones, ciudad de libertad y amabilidad. Dichosas personas del camino, de vosotras me despido. Que la ausencia de los suspiros no acentué el olvido de mi alma sobre lo que me espera.

Siempre esperaré más de ti Madrid, que todo me lo das y me lo concedes, eres la villa madre y yo un crio mimado. Resguarda tus bellos atardeceres, desespérate por las sorpresas de tus calles, por las aventuras metropolitanas y demás…espera a mi regreso ciudad de gatos, espera a que regrese, ciudad de perros, entonces se como siempre has sido y como siempre he querido que seas. Ciudad de almas bellas, de almas turbias. Que el verano te sea leve y la sequia no te arrase. En la orilla del mar, te echaré en falta querida Madrid.






FBRD

miércoles

14.6.11


Sin nadie alrededor, sin nadie a quien mirar. Solo ante el umbral sin nada que temer. Hombre valiente. Nadie en la villa, nadie sino polvo y viento. Una vida por delante, una vida por detrás. Joven y apasionado, olvida su alma en el camino del placer. Recoge su coraje, ensilla su caballo y marcha por las tormentas de arena.

Lucha por su orgullo, por su amor y por demás sandeces. Sangran sus herida, con leves sonrisas en su cara, con leves sonrisas de disgusto emocional. Su bravura le lleva por el camino angosto de los pecados, y su orgullo le rompe el corazón. Dime hombre valiente ¿Dónde está tu camino? ¿Dónde está tu final?

Sus pasos le guían por las urbes y metrópolis del mundo. Locuras, aventuras y demás barbaridades. Dime hombre insano ¿Dónde está la sensatez que Dios te dio? ¿Dónde el amor por lo querido?

Galopa por el mundo, sangra por los talones acuchillados. Su caballo de Troya está vacío, sin reino que conquistar ni ejercito que desvelar. ¿Dónde está tu sentido de la belleza del alma? ¿Dónde la eudaimonía a la que el ser aspira?

Tanto coraje y valentía de la juventud, ahora, una simple espada de madera carcomida. Que ni los gritos sirven para solucionar una vida, una trayectoria de cenizas que se las lleva el viento. ¿Dónde el arrepentimiento en sus ojos?

Qué es de aquel que caminó, camina y caminará por los parajes desconocidos de este mundo. Dónde el rumor del oleaje, la  respiración del mar, suena por aquello que se quedó atrás y por todo aquello que el porvenir nos deparará.

Que su presencia me amparase y ampare, por ayer, hoy y el resto de mis días.