jueves

Cartas de un amor que jamás existió.



Querida Inma,                                                                                                          

No se de ti desde tiempos inmemoriales. De hecho mi memoria, cada día más obsoleta, me impide recordar nuestra infancia, nuestras aventuras por el mundo. Sería un placer volverte a ver. Admirar la belleza en tus ojos y sobresaltarme con el brillo de tu sonrisa. Quizás todo esto te suene demasiado precoz, pero no soy sino un hombre que busca encontrar lo que algún día tuvo.

Espero con impaciencia tu respuesta,

Frasier

***

Señor Frasier                                                                                                            

Disculpe la bravosía de mi respuesta, pero no es sino usted, un desconocido para mi.  No se quien es usted ni de que me habla, y le rogaría, por favor, que olvidase este asunto y se olvidase de mi, pues espero que esto no sea otra cosa más que un error.
Le deseo lo mejor.

Atentamente,

 Inma

***

Inn,

Así te solía llamar cuando éramos niños. Cuando sólo nos preocupaba el sol y la lluvia, el viento y la brisa de la tarde. Solíamos robar pastelillos en la esquina que había al lado de tu casa. Corríamos como desesperados a la orilla del río para comernos los dulces, como si de mapaches se tratase. Éramos ladrones sigilos, expertos y dantescos.  Pero aun así dudo de mis palabras y de mis propios recuerdos.  Creo, que no sería indiscreto mencionar, aquel día mi pequeña Inn.

Era tarde y anochecía. Tu debías volver al hogar y yo al granero, donde solía dormir. De camino, la ligera oscuridad empezó a comerse el mundo, tu estabas asustado y a mi no me quedaba más remedio que hacerme el valiente. Entre los arbustos observase algo brillante y te acercase. Un reloj de oro en una muñeca de huesos. Un cadáver del que solo quedaba calavera y poco más. Tus gritos fueron de horror. Debido a mi miedo y espanto no supe responder. La calavera de aquel hombre en traje nos miraba atentamente, con los ojos vacíos y la boca abierta. Te cogí con fuerza y te saqué de aquel lugar, corrí contigo en brazos mientras llorabas histérica de miedo. Yo quería desplomarme en el suelo, pero aun así te lleve a casa, a tu casa.
Tu madre salió corriendo en cuanto oyó tus lamentos, te abrazó con fuerza y me miró como quien mira a un asesino. Jamás volví a saber de ti, nunca. Entonces teníamos catorce año Inn. Han pasado seis años y las cosas han cambiado tanto. Dime, si ya recuerdas quien soy y mi nombre, que es de ti, de tu vida y de tu porvenir.

Con cariño,

Salis

Pd, así es como me llamabas recuerdas, como me solían llamar entonces.

***
Salis, Frasier                                                                                                              

Llevo días pensando en que decir, noches en vela pensando en que escribir. Eres, un mero recuerdo que persiste en mi cabeza, como una pluma que cae del cielo, poco a poco. Si te recuerdo Salis, y recuerdo aquella noche. Recuerdo como mis padres me prohibieron verte. Recuerdo que al poco tiempo nos fuimos de aquel lugar y jamás volvimos. Nos marchamos a la ciudad donde proseguí mi vida y mis estudios. Pero ¿Cómo pudiste encontrarme? ¿Por qué me escribes después de tanto tiempo? Salis. Te recuerdo, y recuerdo nuestras ansias de vivir, pero no deseo resucitar recuerdos muertos y enterrados. No sé que buscas de mi, ni que te puedo aportar. El tiempo pasa, lento, afilado como una aguja y nuestras vidas cambian. No sé que decirte Salis, no sé que pensar.

Inma

***
Inn,                                        

No quiero perturbar tu mente, y muchos menos alterar tu vida de forma inesperada. Si tu deseo es que deje esto, no respondas jamás a esta carta. A sido un placer saber de ti y recordar, aunque malos y buenos, los recuerdos de nuestra infancia.

Pd, Fuiste mi primer amor Inn, fuiste la primera persona en tocar mi corazón. ¿Recuerdas? Retrocede unas horas antes en el pasado, antes de la calavera y quizás recuerdes. Disculpa que te recuerde el horror de aquella noche, que a pesar de todo, para mi fue demasiado especial.

Atentamente y con amor,

Salis

***

Frasier,

Traes a mi mente recuerdos que sólo en mis sueños se manifiestan. Hablas de un beso que no recuerdo, pero que deseo. Eres incógnita e incertidumbre. ¿Quién eres y que me estás haciendo? Suenas como a la bella brisa previa al amanecer, como la calma antes de la tormenta. He conseguido visualizar tu sonrisa de niño, tus ojos profundos y tu bello cabello despeinado. He conseguido recordar aquellos pastelillos de los que me hablaste. Pero no consigo dejar de temer lo desconocido y me niego buscar explicaciones. Lo mejor será que dejemos ésto a un lado, que lo dejemos hundirse en el océano.

Hasta siempre Salis,

Inma

***


Inma,

Cuanta la leyenda que los seres humanos, en tiempos inmemorables, estaban formados por cuatro piernas, cuatro brazos y dos caras opuestas, como son dos humanos pegados por la espalda. Podían, cuentan los antiguos, ver lo que había delante y observar, al mismo tiempo, lo que sucedía detrás. Podía leer mientras comían, podían hablar eternamente sin cansarse de ellos mismos. Cuentan los viejos escritos, que los dioses, temerosos ante la perfección de esos seres, recurrieron a un castigo para los mismos. El dios del trueno y la guerra los separo de la manera más sangrienta por la mitad, de un corte limpio. El dios de bosques, agarró los mejores filamentos vegetales y reparo las heridas de esos seres, ahora ya, partidos por la mitad, y como recuerdo por su desfachatez les dejó una marca, para que jamás olvidasen, una cicatriz que todo ser humano tiene.  Por si no fuera poco, el dios del viento y la tempestad decidió escupir un huracán que los separaría y los mezclaría, colmándoles de confusión y miedo, para que amparasen perdidos por el mundo y que jamás se volviesen a encontrar.
Ante esa situación de horror y desesperación, la diosa sol, entristecida por lo que sus hermano había hecho, decidió proporcionarles a esos seres algo. Algo para que pudiesen encontrarse, un instinto interno que les obligase a buscarse y unirse. Lo llamo amor.

Tu eres esa parte que perdí Inn, lo veo en mis sueños, en mis visiones y en momentos de locura en los que deseo una vida mejor. Te deseo Inn, deseo tenerte aquí a mi lado, para la eternidad.

Quizás sea esta guerra lo que me haga ver esto. Quizás el hecho de que la muerte este tan próxima. Espero que aun quede tiempo.

Con amor,

Salis.

***

Salis,

Ven, búscame, deseo verte.

Con cariño

Inn
***


Inn, creo que es demasiado tarde. Te deseo lo mejor. Y espero encontrarte en el lugar q las religiones de este mundo llaman paraíso…



FIN

viernes

La hormiga y su porvenir


-Que difícil es conocer tu futuro. Cuando la indiferencia del presente te hace esperar cualquier cosa del porvenir, pero la vida es demasiado concisa para tener esperanza y sólo queda desdén en el alma. Triste es conocer el futuro, saber lo que jamás sucederá- dijo la hormiga al pastor.

-Pequeña hormiga, que más te da tu futuro si tu vida es breve cual suspiro. Que importancia tiene saber el porvenir. Reza y ama. Espera un buen lugar donde reposar el alma, un paraíso deseado que jamás conocerás, hasta el día que llegues- resopló el pastor.

-No sabes sino de la ignorancia pastor- dijo una oca que pasaba por el lugar.
-No sabes de tu experiencia, sino de la imaginación de otros. Olvidas, insensato, que no hay más que aquello que vemos y que lo que creemos no existe sino en nuestras pequeñas cabezas- alego indignada la oca.

-¡Perdona que te diga pequeña oca, pero no es el futuro, sino la fe en el mismo, lo que atrae el destino hasta su realización universal. Una fe que jamás comprenderás con tu pequeña cabeza. Animal plumoso, carcamal!- gritó con fuerza el pastor.

-Palabras y más palabras sin sentido. Que sabrás tu del futuro borrego. Te aprovechas de la pequeña hormiga para engañarla con falacias y mentiras sin sentido, cuando no hay futuro predecible en este mundo ni en el otro- dijo con duras palabras la oca enfurecida.

Entre duros puños y aleteos el pastor y la oca se ensimismaron en una pelea. Rayos y truenos. Tierra y polvo se alzaron al aire cubriendo la escena. Entre insultos, golpes y sangre siguió la discusión que no llevaba sino a ningún lugar en concreto.
Tras largos minutos de farfullo,  ambos combatientes se detuvieron fatigados entre gotas de frio sudor y suspiros de agonía.

-Espero que te haya quedado claro oca patética- dijo dolorido el pastor.
-Caya maldito humano, pues no hay nada que claro me haya quedado, sino la indiferencia hacia tu argumento- dijo magullada la oca.

Ambos miraron a su alrededor. Vieron el destrozo. Flores decapitadas, pétalos fusilados, hierba guillotinada y, una pequeña hormiga aplastada entre la tierra. Un pequeña mancha negra casi invisible al ojo, solo captables por aquellos con oculares de alta percepción. Grandes heridas mataron a la hormiga en un desangramiento de fluidos que le llevó, no a otro sitio, sino al limbo de las hormigas, pues era hormiga libre de pecado.

-¿Crees que sabia lo que pasaría, que de verdad adivinó su destino?- preguntó el pastor.

-¿Crees que habrá ido al cielo?¿A ese lugar que llamamos paraíso?- pregunto la oca.

No hubo respuesta alguna a ninguna de las cuestiones. Ambos entes se marcharon cabizbajos de la escena, lentamente entre la oscuridad. Como si nada hubiese sucedido se cerró el telón y ahí se quedó la hormiga muerta, sin saber del todo que había sucedido.