lunes

Carta de un amante.



Que más da como te llames o quien seas. No me importa el hecho de no saber de ti. Seríamos quizás más felices si de verdad nos conociésemos, pero en el fondo no nos interesa. Esto simplemente ha sido un arrebato pasional sin sentido, que no tiene una buena explicación. Simplemente un instinto primario que nos ha conducido a lucrarnos de pecado.


La verdad, me hubiese gustado conocerte, que me contases tus sueños y yo los míos, y juntos predisponer un plan que no llegaría a ningún lado. Saber cuantos hermanos tienes o cómo se llamaba tu perro. Yo te podría haber contado mi patosa caída a las dieciséis años en el pasillo del colegio y cuando todas las chicas de mi instituto me vieron el pajarito. Quizás te reirías no lo sé. Simplemente me planteo el hecho, de como hubiese sido todo esto, si no nos hubiésemos conocido ayer, en una fiesta tal vez desmesurada. Sino que nos hubiésemos conocido chocando al salir del metro, y que las cremalleras de nuestros abrigos se hubiesen unido, para no separase, creando una situación de incomodidad y vergüenza entre nuestras almas. Que no hubiese dado tiempo a separarnos antes de que cerrasen las puertas, y yo, al sentirnos culpable por alterar el orden de tu día, te invitase a un café.  Charlar en una terraza madrileña, mientras fumamos un pitillo. Comenzar una conversación aleatoria que no llegará a ningún lado. Darte mi número y que me llames a la semana, tener nuestra primera cita, luego la segunda y luego la tercera...


Empezar una relación que, sin habernos dado cuenta, es el núcleo de nuestras vidas. Hacer lo que hicimos anoche, pero sintiendo a nuestras almas chocar, y no simplemente dejándonos llevar por el instinto animal. Ser experto cartógrafo de tu piel, explorador de tu cama y sabio conocedor de tus sensaciones.


Abrazarnos por las luminosas calles de la metrópolis mientras sonreímos, como si fuese una película de amor. Regalarnos detalles que sacan la mejor sonrisa de nosotros. Y si todo siguiese en armonía, que tu me presentases a tu familia y yo a la mía. 


Todo seguiría  bien, hasta que tu conocieses a otra persona. Una tormenta de arena que te hiciese perder la vista del horizonte al que estábamos encaminados los dos juntos. Que todo terminase entre cristales rotos y lágrimas. Separar nuestras vidas como si nada hubiese pasado, y adaptarse al camino, como el coral se adapta a la roca submarina.


Encontrarnos meses, tal vez años después, y reírnos recordando viejos tiempos.


Pero esto no ha sido así. Soy libre de pensar como hubiesen sucedido los acontecimientos si estos mismos hubiesen sido de otro modo.  La incertidumbre puede conmigo y simplemente dejo volar mi imaginación. No me culpes por ello. Lo siento.


El hecho, es que simplemente coincidimos y nos dejamos llevar, ahorrándonos el sufrimiento que hubiese supuesto el cruce al salir del metro. 







Anónimo.